Hace años, cuando aún cursaba el Máster de Acceso a la Abogacía, una amiga me hizo exactamente esa proposición. No entendía qué estaba ocurriendo en un procedimiento judicial que tenía pendiente de tramitación por una herencia familiar. No sabía si lo que le explicaban era favorable o perjudicial. No comprendía los términos técnicos. Y, lo más preocupante: no se sentía tranquila.
Y no, ella no tenía por qué saber Derecho. Para eso estamos los juristas.
El problema no es el Derecho, es cómo se comunica.
El Derecho es complejo, por supuesto. Los procedimientos judiciales lo son aún más…
Pero la complejidad técnica no justifica que el cliente no entienda por falta de una información clara.
En aquella reunión, el letrado —con amplia experiencia, sin duda— utilizaba un lenguaje excesivamente técnico, como si se dirigiera a colegas en un congreso jurídico. Sin embargo, delante tenía a su clienta, una persona preocupada por sus derechos y por su situación personal, atónita.
Ese día entendí algo fundamental:
Ejercer bien la profesión de abogado no es utilizar tecnicismos, sino saber traducir el Derecho a la vida real y que lo entiendan aquellos que se están viendo afectados.
Empatía y claridad: la base de mi ejercicio profesional
Desde entonces, la empatía se convirtió en uno de los pilares de mi forma de ejercer la abogacía.
Porque cuando una persona acude a un despacho no busca únicamente conocimiento jurídico. Busca:
- Comprensión.
- Seguridad.
- Información clara.
- Acompañamiento.
Mi compromiso profesional es que cada cliente entienda:
- En qué punto se encuentra su procedimiento.
- Qué opciones existen.
- Qué riesgos y ventajas tiene cada decisión.
- Qué estrategia vamos a seguir.
- Qué puede esperar en los próximos pasos.
Y, sobre todo, que pueda formular todas las preguntas que necesite.
En cada reunión, además de escuchar de forma atenta y cercana, siempre hay tres cuestiones que repito como un loro:
- ¿Me explico correctamente?
- ¿Lo has entendido?
- ¿Tienes alguna duda?
- ¿Alguna pregunta más?
- Si después de la reunión se te ocurre algo no dudes en preguntármelo.
Derecho comprensible: una obligación ética.
El lenguaje jurídico es nuestra herramienta de trabajo, pero no debe convertirse en una barrera con los verdaderos interesados en el procedimiento o tramitación que tenemos entre manos.
La CONFIANZA ABOGADO–CLIENTE se construye sobre la transparencia. Y la transparencia empieza por la comunicación clara.
Cuando una persona sale de mi despacho, cuelga la llamada o abandona la pantalla tras una videoconferencia, debe hacerlo con tranquilidad, sabiendo qué está ocurriendo y cuál es la estrategia diseñada para proteger sus intereses.
¿Te sientes identificado?
Si alguna vez has salido de una reunión jurídica pensando:
- “No he entendido nada.”
- “Me da vergüenza preguntar.”
- “No sé si esto es bueno o malo para mí.”
Debes saber que no es normal ni deseable que eso ocurra.
Tienes derecho a comprender tu propio procedimiento.
¿Hablamos?
Si buscas una abogada que combine rigor técnico con cercanía y comunicación clara, estaré encantada de escucharte.
1º Cuéntame tu caso.
2º Resolvamos tus dudas.
3º Diseñemos una estrategia adaptada a ti.
¡Protejamos juntos tus derechos e intereses!